Con la represión del pueblo madrileño el 2 de mayo de 1808 por las tropas francesas que habían ocupado la ciudad, teóricamente como aliados, comenzaba la Guerra de la Independencia. En ella, poco tiempo después, el 16 de julio, las tropas napoleónicas sufrieron su primera derrota, en la batalla de Bailén, victoria que habría de celebrarse por todas las cortes europeas hasta la lejana San Petersburgo.
Victoria efímera en todo caso, puesto que durante el otoño siguiente el propio Napoleón Bonaparte, al mando de casi medio millón de soldados, ocupó la península y puso el trono de España a los pies de su hermano José. Comenzaba a partir de entonces una nueva fase de la guerra, en la que los españoles practicarían la guerra de guerrilla, teniendo permanentemente en jaque a las tropas ocupantes.
Ello dio lugar a la aparición de valerosos caudillos militares, algunos sin ninguna experiencia bélica previa, pero unidos con un mismo objetivo: defender, luchar y morir si era preciso, por la unidad e independencia de la nación española. Qué tiempos aquellos: unidad e independencia de la nación española...
Uno de ellos fue Julián Sánchez, "el Charro". Fueron constantes los golpes de mano contra los franceses, causándole permanentemente bajas e incomodidades sin fin. En uno de esos ataques, Julián Sánchez se puso al frente de 25 jinetes, con los que atacó a un escuadrón completo de dragones franceses, saliendo victorioso del combate. Cuando el conde de España, su superior, le preguntó por qué había hecho semejante temeridad, el bravo soldado le contestó:
-Por que no los conté, mi general.
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