Ayer visité la exposición del Premio Nacional de Fotografía de 2011, Rafael Sanz Lobato. Es una especie de antológica, con una muestra amplia de sus reportajes documentales, concretamente los de Bercianos de Aliste, de 1971; la Rapa das bestas, de 1970; el Auto Sacramental de Camuñas, de 1969 y la Caballada de Atienza, de 1970. Además, hay algunas fotografías con otras historias, algunos paisajes, varios retratos y bodegones. Lo más interesante, para mí, es el trabajo documental de este autor. Me identifico mucho con la fotografía documental. Creo que mis mejores trabajos son en este campo.
Pero vamos con la exposición. Me ha gustado mucho esas fotografías donde el tiempo se ha detenido y nos muestran los afanes y preocupaciones de una gente pasada, muchos ya estarán muertos, pero en las imágenes conservan sus miradas inquisitivas, sus ilusiones, sus esperanzas para el futuro, que ya ha llegado y ya ha pasado en muchas ocasiones. Fotografías de temática antropológica, de contacto con costumbres ancestrales y telúricas. El autor es maestro de documentalistas españoles, siendo Cristina García Rodero la más significativa de sus discípulas. Y ciertamente el estilo es muy parecido, aunque en el maestro parece algo más tosco, menos pulido, más primitivo.
Las fotos están hechas en el mágico b/n. Resulta atractivo en su densidad, lleno de información y medios tonos, aunque los resultados en algunos casos son demasiado obvios y forzados, como en los retratos con ese halo algo artificial. Preciosos los paisajes, oníricos en su composición, su punto de vista, el efecto del teleobjetivo y el b/n. Aquí sí que los forzados y tapados dieron buen resultado.
Un cierto desenfoque en muchas imágenes me confirma que la pulcritud técnica y la nitidez absoluta es secundaria, no el principal valor estético, en muchas (quizás en la mayoría) de las ocasiones. Desde luego en prácticamente todas las imágenes valiosas. Lo son no por su calidad técnica, sino por el contenido, por la historia que cuenta o, mejor aún, la que sugiere.
Termino con un fragmento del texto del folleto de la exposición, con el que me siento bastante identificado: "Resulta extraordinario encerrar en un rectángulo mundos tan diversos, tan poéticos, sombríos y evocadores. La contemplación de estas obras nos enriquece a medida que descubrimos las múltiples y diferentes piezas de su propuesta. Un ejercicio reflexivo extremadamente frágil y al mismo tiempo brillante".
Las fotos están hechas en el mágico b/n. Resulta atractivo en su densidad, lleno de información y medios tonos, aunque los resultados en algunos casos son demasiado obvios y forzados, como en los retratos con ese halo algo artificial. Preciosos los paisajes, oníricos en su composición, su punto de vista, el efecto del teleobjetivo y el b/n. Aquí sí que los forzados y tapados dieron buen resultado.
Un cierto desenfoque en muchas imágenes me confirma que la pulcritud técnica y la nitidez absoluta es secundaria, no el principal valor estético, en muchas (quizás en la mayoría) de las ocasiones. Desde luego en prácticamente todas las imágenes valiosas. Lo son no por su calidad técnica, sino por el contenido, por la historia que cuenta o, mejor aún, la que sugiere.
Termino con un fragmento del texto del folleto de la exposición, con el que me siento bastante identificado: "Resulta extraordinario encerrar en un rectángulo mundos tan diversos, tan poéticos, sombríos y evocadores. La contemplación de estas obras nos enriquece a medida que descubrimos las múltiples y diferentes piezas de su propuesta. Un ejercicio reflexivo extremadamente frágil y al mismo tiempo brillante".
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